Construyendo medio ambiente Imprimir E-Mail

Por Rosario Gaudí.

 

Construyendo medio ambiente
Foto: Juan Carlos Nicholls
Hoy las casas no se hacen sólo para vivirlas, sino para que no afecten la vida. Porque aunque la construcción siempre va a afectar el medio ambiente natural, la solución no está en dejar de construir, sino en crear un desarrollo sostenible para urbanizar de la manera más equilibrada.

"Lo que se busca es afectar al medio ambiente en el menor grado posible", afirma Ana María Mesa, directora de gestión empresarial de la constructora Conconcreto, de Bogotá. "Lo importante es tratar de disminuir al máximo la cantidad de escombros y residuos para mejorar el proceso de sanificación", sostiene.

Y es la tecnología la que ha venido en ayuda de esta prevención. La tendencia es usar elementos como por ejemplo el durapanel, hecho con poliestireno de acero, recubierto con mortero.

"Este proceso constructivo reduce el consumo de algunos materiales como las arcillas y materiales pétreos como arenas, triturados y madera", afirma la experta.

"En Colombia en el campo de la industria de la construcción ya se ha gestado un cambio en la mentalidad para priorizar el reciclaje, la reutilización y recuperación de materiales, frente a la tendencia tradicional de extracción de materias naturales, y de fomentar la utilización de procesos constructivos y energéticos renovables", argumenta por su parte Beatriz Uribe Botero, presidenta ejecutiva de la Cámara Colombiana de la Construcción, Camacol.

Así, ha surgido una responsabilidad por parte de los empresarios y de las autoridades públicas para buscar un equilibrio entre la necesidad de seguir construyendo edificios y ciudades, y la de hacer intervenciones respetuosas al medio ambiente pero satisfaciendo, al mismo tiempo, las expectativas del desarrollo económico.

Y es que no se puede negar que aunque el área de la construcción es una de las fuentes principales de la economía de cualquier país, también es una actividad que produce contaminación, como lo reconocen hasta los mismos protagonistas.

"El sector de la construcción impacta el ecosistema porque se comprometen recursos naturales como materiales pétreos y derivados del petróleo", explica Ana María Mesa. Al respecto, Ismael Acevedo, arquitecto de la Universidad de los Andes, dice que construir implica necesariamente modificar el medio ambiente, pues se toman tierras que antes no estaban construidas.

En el contexto colombiano y según Beatriz Uribe Botero, uno de los principales problemas de la actividad constructora y de la política estatal ambiental, proviene principalmente de la construcción informal, pues se propicia la deforestación incontrolada, afecta las fuentes de agua, erosiona el suelo, aumenta el relleno de humedales para ser ocupados por urbanizaciones ilegales y se nota la ausencia de instrumentos y procesos de mitigación del impacto ambiental cuando la construcción es adelantada por urbanizadores piratas.

Y es que la construcción de edificios, casas y hasta de carreteras es la responsable de más de la mitad de las emisiones de dióxido de carbono que están en la atmósfera según datos consignados en un estudio realizado por el Worldwatch Institute de Washington.

Un panorama poco alentador si se tiene en cuenta que por cada metro cuadrado de vivienda se produce una medida de emisión de 1,9 toneladas de dióxido de carbono. Además, el 60 por ciento de los edificios construidos en el mundo fueron hechos con materiales extraídos del ecosistema y los cuales, entre otras, exigen para su transformación altos consumos de energía (un tercio del consumo energético).

Nuevos conceptos

No obstante, la construcción es uno de los sectores donde aún pueden tomarse correctivos gracias a la llamada arquitectura bioclimática, una moderna tendencia que intenta integrar las formas y componentes de las edificaciones y las condiciones naturales que las rodean. No se trata ni mucho menos de emplear altísima tecnología, sino de mirar un poco hacia el sentido común empleado por los constructores en el pasado.

En buen romance, eso significa, por ejemplo, construir con protecciones solares que evitan que las habitaciones se calienten hasta el punto de necesitar climatización.

Tal efecto se logra pintando las paredes en tonos claros que rechacen los rayos solares, o con un clásico alero o un toldo con longitud suficiente para impedir la entrada directa del sol a través de las ventanas. En la misma línea, las pérgolas en patios interiores y balcones, así como las persianas y contraventanas, mantienen las casas frescas mientras permiten la circulación del aire en las horas de calor.

Ahora que si se puede contar con agua en una fuente o en una pequeña pileta, el efecto resultante es que el ambiente se refresca por que el agua, al evaporarse, absorbe energía del ambiente y hace bajar la temperatura.

El ideal es un patio interior sombreado, con vegetación y agua, para generar corrientes de aire fresco de manera natural. Como puede verse, soluciones todas que no consumían energía.

Porque si de tecnología se trata, hay algunas muy sencillas, como las llamadas 'cubiertas vegetales', que tienen su origen en la vegetación que crecía de manera espontánea sobre los techos de las casas, y que convertían su interior en auténticos microclimas, casi invulnerables a las condiciones externas.

En la actualidad, se trata de sistemas de construcción estandarizados como cualquier otro tipo de techo, solo que ahora son en sí mismos microclimas que incluso pueden albergar vegetación y vida.

Como los techos son estructuras sometidas a dramáticas fluctuaciones térmicas y en verano están muy expuestos al sol, los pisos que se encuentran inmediatamente debajo son, o muy calientes en verano, o muy fríos en invierno.

Pero cuando los techos son vegetales, además de brindar la protección que se espera de ellos, la 'inercia térmica' de la tierra que les sirve de base reducen las pérdidas y ganancias excesivas de energía o calor.

A largo plazo, vivir bajo esta especie de matera conduce a un ahorro energético por climatización, sin olvidar que desde el punto de vista estético las edificaciones son mejores y las plantas contribuyen, no solo a disminuir el ruido exterior, sino a la absorción de dióxido de carbono y a la producción de oxigeno.

Imagine usted un barrio o una ciudad cuyas terrazas están convertidas en jardines. Esa podría ser la solución ideal frente al calentamiento global. Y no debe descartarse la posibilidad de sembrar una huerta en el techo, de modo que para hacer la ensalada del almuerzo basta con subir un momento al techo.

Ciudades nuevas y ecourbanismo

Las ciudades, tal y como las conocemos en la actualidad, fueron erigidas cuando conceptos como ecología y sostenibilidad ambiental ni siquiera existían, pero hoy sabemos que casas y edificios pueden captar energía solar y aprovecharse de los potenciales energéticos que brindan el suelo mismo y su ubicación geográfica.

Así, organizar los espacios que rodean a los edificios permite variar el microclima circundante y contribuir a mejorar el estado de ánimo de sus habitantes. Ya casi nadie niega que la felicidad de la gente está bastante relacionada con la calidad de un buen diseño urbano.

El moderno urbanismo procura tener en cuenta tres conceptos básicos: la captación de energía, el uso y reciclaje del agua y el tratamiento de residuos, de tal modo que la estructura de los edificios facilite la captación de energía solar o el aprovechamiento del viento.

Canalizar las aguas lluvias para poder aprovecharlas y purificar las frises y negras a través de zonas verdes destinadas para tales efectos son opciones de la mejoría en la calidad de vida que puede lograrse mediante el llamado ecourbanismo.

Queda faltando la disposición de residuos, no solo de la construcción en sí misma sino de los domésticos, pero no se trata de un imposible porque existe la posibilidad de establecer, sobre todo en barrios sin zonas verdes o aceras amplias, islas de reciclaje y espacios para convertir la basura orgánica en compos que sirva como abono a los miembros de la comunidad.

Ana María Mesa recuerda que los materiales más comunes en la construcción son los cementos de materiales minerales, el acero, la madera, el agua, la energía, los ladrillos o adobes y arcillas, pero los materiales más contaminantes, según el arquitecto Ismael Acevedo, de la Universidad de los Andes, son los residuos por cortes como las cerámicas y los ladrillos, que al mezclarse con el agua, generan una masilla que obstruye las cañerías.

¿Qué es lo que contamina?

La contaminación se genera, según Mesa, en gran proporción, por el material articulado como el polvo que exige la implementación de protecciones como barreras físicas de tela para evitar el paso de residuos a la superficie. Acerca de los bosques, ella dice que en el área de la construcción se debe optar por árboles de reforestación y no por árboles nativos porque mientras los primeros vuelven a nacer, los segundos son generalmente especies en vías de extinción.

Acevedo, por su parte, considera que la madera puede ser reemplazada por otros materiales. "Generalmente se utiliza madera ordinaria de uno o dos usos lo cual implica seguir deforestando.

Lo ideal es usarla en la menor proporción posible o alternar su uso con moldes metálicos", dice. Ana María Mesa afirma, a su vez, que la contaminación también se genera por derrames de líquidos que requieren control y uso de plantas de saneamiento de aguas, de desarenadores y trampas de grasa que retengan los residuos impidiendo que caigan a las aguas.

Otro punto importante es la gran cantidad de residuos que, al no ser bien manejados, aumentan los niveles de toxicidad potencial.
Por otro lado, la extracción de estos áridos produce el movimiento de inmensas cantidades de suelo, sobre todo, en los márgenes de los ríos, produciendo cambios en los ciclos biológicos de las personas que viven en las zonas circundantes. La producción y fabricación de cementos es otro proceso vulnerable de contaminación por la cantidad de emisiones, efluentes líquidos y residuos peligrosos para el ecosistema.

Dentro de este contexto, el uso de ciertos materiales como el amianto, el plomo, los disolventes tóxicos o el PVC (policloruro de vinilo), son perjudiciales no sólo para el ecosistema, sino también para los habitantes. La demolición de edificios también genera inmensas cantidades de residuos. 

Impacto ambiental

Según Beatriz Uribe Botero, presidenta ejecutiva de Camacol, el impacto ambiental de la construcción de una obra se produce en tres aspectos principales:

1. El medio: se refiere al medio físico, a la superficie de la tierra sujeta al proceso de construcción.

2. Los materiales: relacionado a la porción de recursos naturales implicados en la obtención y fabricación de materiales (madera, minerales, agua y combustibles fósiles, así como cementos, aceros y manufacturas).

3. Vida de la obra, energía y residuos: considera desde el consumo de energía hasta la gestión de los residuos generados por su demolición, pasando por la fase de construcción y de utilización del edificio.

En la mira internacional

  • En países como Holanda y Dinamarca ya han tomado cartas en el asunto y su ley castiga el mal uso de residuos que pueden ser reutilizables o reciclados.
  • En España, donde se producen cerca de 22 millones de toneladas de escombros al año, ya hay una asociación de fabricantes llamada ANEFA, la cual firmó un código para la buena práctica ambiental.
  • En la construcción del estadio Olímpico de Sydney (Australia) se minimizó el uso de PVC y usaron otras alternativas de elementos orgánicos en fontanería, drenaje y pavimentación. 
  • En la ciudad de Linz se ha disminuido de manera progresiva alrededor del 85% del PVC en la construcción de edificios públicos. 
  • En Alemania y más exactamente en Bonn, se llegó al acuerdo de disminuir al máximo la implementación de este mismo elemento en edificaciones como escuelas, guarderías, estaciones de metro y hogares para ancianos. Ya se han construido en Berlín cerca de  130 edificios que no tienen este tipo de elementos contaminantes. 
  • Bergen (Noruega) desde 1991 se decidió bajar al máximo la cantidad de PVC. Londres no se queda atrás y en su metro está prohibido el uso de cables halogenados en las estaciones, al igual que en Viena, Berlín, Düsseldorf y Bilbao.

Las normas para acatar en Colombia

  • En Colombia, el marco legal que se consagra en la Ley 99 de 1993, tiene sustento en la Constitución Política Nacional, que determinó como función del Estado la planificación del manejo y aprovechamiento de recursos naturales para garantizar su desarrollo sostenible, su conservación, restauración o sustitución, así como prevenir y controlar los factores de deterioro ambiental, imponer las sanciones legales y exigir la reparación de los daños causados.
  • El acuerdo que actualmente regula las licencias ambientales es el 1220 del Ministerio del Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial. Allí se estipula que todo proyecto, obra o actividad que genere una alteración al sistema ambiental y socioeconómico deben tener en cuenta normas encaminadas a minimizar, prevenir, corregir y compensar los efectos negativos de esta actividad.

    También define qué autoridad ambiental otorga o niega estas licencias. En el caso de materiales de construcción, cuando la explotación mineral proyectada es mayor o igual a 600 mil toneladas por año, se debe solicitar la licencia al Ministerio.

 

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